Recupero este viejo artículo publicado hace unos años en Libertad Digital:

1- El alumno debe llegar todos los días a la escuela a tiempo
2- Los abrigos se dejan en el guardarropa.
3- El alumno se dirigirá inmediatamente a su clase, al llegar deberá sentarse en silencio y ponerse a trabajar.
4- El alumno debe traer todos los días lo necesario para coger apuntes: cuaderno, lápices y regla.
5- El alumno debe hacer tareas en casa cada noche. El que no las haga se quedará al día siguiente una hora más en la escuela.
6- El alumno sólo puede comer en la cafetería. Los chicles y dulces están prohibido incluso en la cafetería.
7- El alumno no puede traer a la escuela radio, walkman, juegos u objetos parecidos. Deberá mantener siempre su pupitre limpio y despejado para trabajar.
8- Bajo ningún concepto puede ejercer violencia física o verbal. No puede pelear ni golpear.
9- Debe respetar el edificio escolar, no destruir nada y no pintar en las paredes.
10- Debe tener puesto el uniforme escolar diariamente y mostrar su carnet de alumno a todo adulto que se lo exija.

Este es el decálogo que puede leerse a la entrada de una pequeña y pobre escuela de Harlem, en Nueva York. Desde que, en 1998, una mujer americana de raza negra, llamada Monroe, tomara sus riendas del colegio y decidiera sacarlo de la situación de abandono y descrédito en el que se encontraba, todos los alumnos del centro están obligados a respetar escrupulosamente el reglamento.

Monroe se ha convertido en la pesadilla de todos los pedagogos modernos, pues no sólo sus métodos están dando resultados increíbles sino que, además, su “atrabiliario” sistema se ha convertido en el último modelo de innovación pedagógica.

Según cuenta Inger Enkvist, en su último libro “La educación en peligro”, publicado en España por la editorial Unisón, la experiencia de Monroe es muy conocida en Suecia e, incluso, se ha presentado como “un ejemplo positivo de escuela nueva” en multitud de seminarios y congresos sobre educación.

Desde 1970, todas las escuelas e institutos suecos se organizan según el sistema llamado comprensivo. Un sistema en el que la enseñanza primaria y secundaria se confunden; apenas hay diferencia entre lo que en cada una de las etapas se enseña ni en los procedimientos que los profesores utilizan para hacerlo.

Actualmente, los principios pedagógicos suecos se apartan poco de la doctrina progresista que, tras los sucesos de mayo de 1968, se impuso en los sistemas de enseñanza de toda Europa occidental. Una doctrina que predica la motivación y el entretenimiento como únicos métodos de aprendizaje, que condena cualquier manifestación de competitividad y elitismo intelectual y según la cual, ejercer la disciplina y la autoridad del profesor supondría un atentado contra la libertad del alumno.

Que el sistema Monroe se haya hecho un sitio entre las innovaciones pedagógicas americanas y suecas es señal inequívoca de que algo está cambiando en el mundo educativo.

En España, desgraciadamente, no están todavía los pedagogos preparados para entender que un sistema tan simple, tradicional y barato pueda resolver los problemas de nuestras escuelas. Los catorce años de gobierno socialista permitieron que se creara, en torno a la enseñanza, una tupida red de intereses difícil de desmontar y que impide que la razón y el sentido común iluminen ese proceloso mundo de la educación. Pueden pasar todavía muchos años antes de que la escuela de Monroe se convierta en un posible modelo a imitar.

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