El próximo fin de semana (27 y 28 de julio) se celebrará en Alcobendas (Madrid) el Campeonato de España de Atletismo. El primer Campeonato se celebró hace 93 años, pero solo hace cincuenta que participan las mujeres porque, hasta 1962, el atletismo femenino estuvo prohibido en España.

Empecé a hacer atletismo en 1972, y creo que participé por primera vez en el Campeonato de España en 1973 (me parece que corrí el 800 y el 1.500). Así que yo no viví la época de las pioneras, pero un gran amigo, muy aficionado al atletismo y corredor veterano, me ha enviado el siguiente relato del origen del atletismo femenino español.

Cincuenta años de atletismo femenino en España

Probablemente a la inmensa mayoría de los españoles les parecerá increíble, pero la realidad es que hasta 1962 estuvo prohibida en España la práctica para las mujeres de aquellos deportes que la Sección Femenina consideraba masculinizantes. Como, por ejemplo, el atletismo. (Sí se permitía la práctica de deportes más o menos aristocráticos, como la hípica, el tenis y el golf; o más agónicos, como la natación y la gimnasia).

Es cierto que la incorporación plena de las mujeres a la práctica del atletismo ha llevado su tiempo en todo el mundo (recordemos que especialidades como el triple salto, la pértiga, el lanzamiento de martillo o los 3.000 metros obstáculos hace muy pocos años que también son pruebas femeninas; o que hasta 1972 la carrera más larga en pista que corrían las mujeres era la de 800 metros) pero lo que pasó en España desde el final de la Guerra Civil hasta ese año de 1962 es especialmente raro y absurdo.

Recordemos que el primer Campeonato de España de Atletismo se celebró en San Sebastián en 1917, y fue, como se puede suponer, sólo para hombres. Con la llegada de la República, en octubre de 1931 tiene lugar en Madrid el primer Campeonato de España de Atletismo Femenino, al que siguieron los de 1932, 1933 y 1935; por cierto, que estos campeonatos femeninos se celebraron en distintas fechas y distintos lugares que los masculinos. O sea, que antes de la Guerra había habido cuatro Campeonatos de España de mujeres.

Al acabar la Guerra la responsabilidad sobre las actividades culturales, recreativas y deportivas de la mujer recayó en la Sección Femenina de Falange, que regía Pilar Primo de Rivera, la hermana del fundador, José Antonio. De la labor de la Sección Femenina se han escrito bastantes libros y no es este el sitio para analizarla. Pero lo que sí hay que señalar es que en la negativa de la Sección Femenina a aceptar el atletismo como deporte para las mujeres tuvo mucho que ver la aparición, ya en plena Guerra, de una chica, María Torremadé (nacida en 1923), que pulverizaba las plusmarcas españolas de la época con una facilidad pasmosa; lo malo para el atletismo pero lo bueno para ella es que en 1942 ella misma descubrió que era un varón y que lo suyo había sido un caso de hermafroditismo. María pasó a ser Jorge, o Jordi, se casó y creo que fue feliz con su mujer, con la que vivía en Francia.

Aquel Jorge Torremadé fue la gota que colmó el vaso de la intransigencia de las gerifaltas de Sección Femenina para prohibir el atletismo a las mujeres porque, como ese extraño caso demostraba para ellas, era masculinizante.

Y así estaban las cosas hasta que en 1962 a España le tocó organizar la II edición de los Juegos Hispanoamericanos de Atletismo, que se celebraron en el Estadio de Vallehermoso, que, aunque ya había acogido algunas competiciones escolares y provinciales, se inauguró oficialmente para ese evento, ya con el voladizo que cubría la tribuna de la calle Juan Vigón. Resultó que todos los países hispanoamericanos enviaron equipo femenino y que España fue el único país que no tenía equipo, por la sencilla razón de que ninguna chica española hacía atletismo porque estaba prohibido. La verdad es que España hizo el ridículo y que José Antonio Elola, que era el Delegado Nacional de Educación Física y Deportes (algo así como el Secretario de Estado para el Deporte de ahora), comprendió que aquello era un sinsentido y propició un encuentro con Pilar Primo de Rivera de algunos jóvenes entrenadores, como Bernandino Lombao (entonces casi un niño) o Rafael Cavero (que era entrenador y que acaba de ser nombrado –no elegido, que no era época de elecciones- presidente de la Federación de Atletismo) para doblegar la resistencia de aquella buena mujer y lograr que se levantara definitivamente la prohibición.

Ya estaba levantada la prohibición, pero faltaba lo más importante, las atletas. ¿De dónde sacar atletas si ninguna chica había hecho atletismo nunca?

Ahí es donde aparece la intervención pionera de unos pocos entrenadores, que en el caso de Madrid fueron dos, que tenemos la suerte de que todavía estén en activo, después de haber completado un curriculum extraordinario como entrenadores: Bernardino Lombao y José Manuel Ballesteros.

Bernardino Lombao era un magnífico y polifacético atleta que había estado en la Residencia Blume y que había comenzado a entrenar a otros atletas masculinos y a dar alguna clase de Educación Física en la Escuela que la Sección Femenina tenía en el Colegio Mayor de la Almudena en la Ciudad Universitaria de Madrid, donde se formaban las futuras profesoras de aquellas asignaturas que todos los estudiantes llamaban “marías” (la Formación del Espíritu Nacional, la Gimnasia y las Labores del Hogar –hoy parece arqueología pero así era-) y que, aunque nadie las prestaba especial atención, eran obligatorias. Pues bien, Lombao consiguió “engañar” a algunas de las chicas que estudiaban en La Almudena para que probaran en eso del atletismo. Al mismo tiempo tuvo la ocurrencia de engañar a los “mandos” (así se llamaban) de la Sección Femenina para que, entre las pruebas de acceso para hacer el Servicio Social (una especie de servicio militar para mujeres que, con carácter voluntario, pero obligatorio para acceder a algunas profesiones y a la Universidad, había inventado la Sección Femenina), se incluyeran unas pruebas físicas de correr y saltar. Se presentaron unas 600 chicas en el Palacio de los Deportes (que entonces sí era de los deportes) de Madrid, y Lombao con otros atletas de la Residencia Blume cronometraron y midieron lo que estas chicas corrieron y saltaron, y seleccionaron a algunas para seguir entrenando con ellas.

José Manuel Ballesteros, que era el entrenador que más horas pasaba en la única pista que había entonces en Madrid, la mítica pista de 300 metros de la Ciudad Universitaria, y que entrenaba a muchos universitarios y a muchos de los mejores atletas españoles de entonces, sobre todo mediofondistas, pero no sólo, lanzó sus redes en el mundo de las Facultades y pronto empezó a tener a algunas chicas que, tímidamente, se quitaban los pololos y se calzaban un pantalón corto para empezar a entrenar.

La primera competición de relativa importancia que hubo en Madrid con atletas femeninas fueron los Juegos Universitarios Nacionales que se celebraron en la Ciudad Universitaria alrededor del 1 de mayo de 1963. Hoy parece sonrojante pero el anuncio de que iba a haber chicas en pantalón corto corriendo y saltando se corrió como la pólvora e hizo que las gradas de la pista de la Universitaria madrileña estuvieran llenas a rebosar de estudiantes, de cuyo grado de represión no hay que comentar nada.

Con el trabajo de aquellos dos pioneros se formó la selección madrileña que compitió en el primer Campeonato de España de Atletismo Femenino que tuvo lugar en el viejo Montjuïc (con pista de 500 metros y con una recta de 200) el 17 y 18 de agosto de 1963. Allí tuvieron como principales rivales a las catalanas, que, en su mayoría, entrenaban con Miguel Consegal (padre), que había sido una buen atleta en los años treinta y cuarenta, y con su mujer, María Luisa Oliveras, que también había sido una de las pioneras del atletismo femenino en la efímera experiencia de los años treinta.

A la vuelta de aquel Campeonato, el Presidente de la Federación, Rafael Cavero, nombró a José Manuel Ballesteros primer seleccionador nacional femenino, con la misión de preparar el equipo nacional que tendría que enfrentarse a Portugal en Lisboa al año siguiente en el primer encuentro internacional de la historia del atletismo femenino español.

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