“La República tuvo dos presidentes, Friedrich Ebert y Paul von Beneckendorff und von Hindenburg. Uno encarnó las potencialidades, el otro los fracasos”.

Con estas palabras inicia el historiador alemán Horst Möller su libro La República de Weimar. Una democracia inacabada. Möller ofrece una información muy completa de los acontecimientos políticos que tuvieron lugar en la Alemania de Weimar. Me centraré aquí en aquellos que tuvieron lugar durante los años en los que Friedrich Ebert fue presidente de la República. Es decir, lo acontecido desde comienzos del año 1919 hasta el 28 de febrero de 1925, día en que murió el primer presidente de la República de Weimar.

La presidencia de Friedrich Ebert (1919-1925)

El 6 de febrero de 1919 se celebró en la ciudad de Weimar la primera sesión de la Asamblea Nacional; el día 11 fue elegido Friedrich Ebert como presidente provisional del Reich y, el 13, se formó un gobierno de coalición de los tres partidos mayoritarios: el de los socialdemócratas (SPD), el centro católico (Zentrum) y el partido democrático (DDP). Este gobierno, dirigido por el canciller socialdemócrata Philipp Scheidemann, afrontaba la triple tarea de poner fin al caos revolucionario, firmar el tratado de paz y aprobar la nueva Constitución.

La tranquilidad política conseguida con la constitución de la Asamblea Nacional y el nombramiento de Ebert como presidente del Reich no se reflejó en las calles. Los disturbios estaban a la orden del día y, en el ambiente, había claros síntomas de la existencia de una guerra civil latente. El 21 de febrero fue asesinado el líder revolucionario bávaro del USPD, Kurt Eisner; el 22, en Manheim, los socialistas radicales del USPD y los comunistas del KPD declararon la República de los Consejos y, finalmente, el 3 de marzo la revolución llegó a Berlín, iniciándose la “semana sangrienta”. Gustav Noske, ahora ministro de Defensa, fue el encargado de sofocar los focos de sublevación para lo que recurrió, como ya había hecho en los días del levantamiento espartaquista, a los soldados del Freikorps.

El tratado de paz que ofrecían los aliados, además de limitaciones militares y territoriales, incluía unas reparaciones económicas que resultaban tan inadmisibles para el gobierno alemán que el canciller Scheidemann se sintió obligado a presentar su dimisión. Fue entonces sustituido por el también socialdemócrata Gustav Bauer quien, el 28 de junio de 1919, fue el encargado de firmar el Tratado de Versalles, al que desde el primer momento la población alemana llamó “dictado de la vergüenza” (Schanddiktat).

En cuanto a la nueva Constitución, tras muchas deliberaciones y sesiones parlamentarias, el texto quedó listo para su aprobación por la Asamblea en el mes de agosto. Era un texto de compromiso entre los tres partidos de Weimar, de ahí que, aunque se mantuvieran algunos consejos como, por ejemplo, el Consejo de los trabajadores o el Consejo económico del Reich, estos eran simplemente órganos consultivos que debían ser escuchados antes de promulgar una ley. Tras su aprobación por la Asamblea, la Constitución de Weimar fue firmada por el presidente Ebert el 11 de agosto y entró en vigor tres días después.

En las calles los disturbios y los delitos políticos no dejaban de producirse. El 8 de octubre, ante la puerta del Reichstag, fue tiroteado el líder del USPD, Hugo Haase, que moriría un mes más tarde a consecuencia de las heridas. Con él eran ya cuatro los dirigentes políticos de izquierdas asesinados en 1919.

El 13 de marzo de 1920 un grupo de militares dirigidos por Wolfgang Kapp, antirrepublicano de derechas y gobernador provincial de Prusia oriental, trató de tomar el poder en Berlín. Los golpistas llegaron a ocupar los edificios gubernamentales y obligaron al gobierno a buscar refugio en la ciudad de Stuttgart. Wolfgang Kapp se autoproclamó canciller y ministro presidente prusiano.

Ese mismo día el SPD convocaba una huelga general. Los funcionarios del Reich se negaron a colaborar con los golpistas. El 17 de marzo el golpe se vino abajo y Kapp huyó a Suecia [1]. Aquel golpe, conocido como Kapp-Putsch, supuso la primera acción violenta de un grupo de la extrema derecha contra la República. El golpe trajo como consecuencia un cambio de gobierno y el nombramiento del socialdemócrata Hermann Müller como canciller.

Las primeras elecciones tras la entrada en vigor de la Constitución se celebraron el 6 de junio de 1920 y supusieron un claro castigo para el gobierno. Había pasado poco más de un año de las elecciones a la Asamblea Nacional y la coalición gubernamental que había apoyado a la República perdía la mayoría absoluta. Los tres partidos, SPD, con el 21,6%, Zentrum, con el 13,6%, y DDP con el 8,3%, que juntos habían sumado el 76,2% de los votos en enero de 1919, obtuvieron solamente el apoyo del 43,5% de los votantes. Mientras que los tres partidos no republicanos, los socialistas del USPD, los populares de DVP y los nacionalistas del DNVP, con un 46,9% de los votos se convertían en ganadores de las elecciones al primer Reichstag de la República de Weimar [2].

Comenzaba una legislatura en la que, hasta las elecciones de 1924, se sucedieron cinco cancilleres con, al menos, siete gobiernos distintos. Esta inestabilidad gubernamental estuvo motivada por los problemas a los que el Reich debía hacer frente: la continua presión de la política de reparación de Francia, las exigencias de pago de los aliados, una inflación galopante y los levantamientos y delitos por motivos políticos que no cesaron en los cuatro primeros años de la República.

El 26 de agosto de 1921 el ministro de Finanzas, Matthias Erzberger (del partido de Zentrum) fue asesinado por la extrema derecha. El 16 de abril de 1922 el ministro de Exteriores Walter Rathenau (del DDP) firmaba el tratado de Rapallo con la República Soviética y, dos meses después, el 24 de junio, moría víctima de un atentado, de nuevo cometido por la extrema derecha.

Para Möller, con la muerte de Rathenau Alemania perdía una de sus grandes personalidades políticas. Sebastian Haffner fue también gran admirador de este político alemán y en sus memorias de los años de entreguerras llegó a comparar su capacidad de liderazgo con la de Hitler: “Rathenau y Hitler fueron las dos presencias que lograron estimular al máximo la imaginación de la gran masa alemana: uno gracias a su increíble cultura y otro gracias a su increíble maldad”.

El 21 de julio de 1922 el Parlamento aprobó la ley de protección de la República. Según escribe Möller, “Proteger a la República de los enemigos de la constitución, extremistas de derechas e izquierdas, se convirtió en una tarea permanente durante la época de Weimar”

En represalia porque Alemania no pagaba las deudas de la guerra, el 11 de enero de 1923 tropas francesas y belgas ocuparon la Cuenca del Ruhr. El entonces canciller, Wilhelm Cuno, llamó a la resistencia pasiva. Esta decisión, que se mantuvo hasta el mes de septiembre, posiblemente sirvió de vínculo para la población alemana, pero provocó un peligroso cese de la producción y mandó al paro a casi dos millones de trabajadores alemanes.

Poco después de estallar la Guerra del Ruhr se desató una inflación galopante, en unos días la cotización del dólar pasó de poco más de 500 marcos a 20.000. En los meses siguientes el valor del marco siguió bajando. En agosto el dólar alcanzaba ya el millón de marcos y, a finales de septiembre, los 160 millones de marcos.

Sebastian Haffner, en Historia de un alemán, describió con gran sencillez y realismo la reacción de la gente ante la inflación de 1923: “Nadie supo qué había sucedido exactamente. (…) El dólar se convirtió en el tema del día y, de repente, miramos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta de que aquel acontecimiento había destruido nuestra vida diaria. (…) Un sueldo de 65.000 marcos traído a casa un viernes, el martes siguiente no llegaba para comprar un paquete de cigarrillos”.

Quienes tenían una cuenta de ahorro, una hipoteca o cualquier tipo de inversión vieron cómo éstas desaparecían. Según cuenta Haffner, se desató entonces una especie de locura por comprar acciones. Era la única inversión que podía soportar la velocidad del cambio en el valor de la moneda. El día de cobro la gente compraba acciones y luego iba vendiendo para hacer frente al gasto corriente. Las cotizaciones subían, “la banca nadaba en la abundancia”, surgían bancos “como setas”. En esta situación, “quienes lo pasaron peor fueron los viejos y los que vivían alejados de la realidad”, unos mendigaron, muchos se suicidaron. Y “entre tanto sufrimiento, desesperación y pobreza extrema fue desarrollándose un culto a la juventud apasionado y febril, una avidez y un espíritu carnavalesco generalizado”. Y es que, añadía Haffner, eran los jóvenes y no los viejos los que empezaban a tener dinero.

Para Möller, si bien es innegable que aquella inflación proletarizó económicamente a una amplia parte de la clase media burguesa y provocó la aparición por doquier de “usureros y especuladores”, su consecuencia más grave fue la “desorientación social y política” que sufrió la población alemana. Desorientación que, según el historiador, llevó a la población a “un distanciamiento cada vez mayor de la república democrática, de nuevo considerada como autora espiritual de la miseria”.

Aquella inflación imposible de contener se llevó por delante al gobierno. El 13 de agosto de 1923 fue nombrado canciller el economista liberal Gustav Stresemann, fundador y dirigente del DVP. Stresemann formó un gobierno de “gran coalición” al que incorporó a miembros del SPD, con el principal objetivo de controlar la situación económica. El 16 de noviembre de 1923 se produjo la emisión del Rentenmark [3]. La nueva moneda permitió la recuperación paulatina de la economía y detener la hiperinflación.

Por otro lado, el ambiente revolucionario no cejaba. El Reich mantenía continuos problemas con los estados de Baviera, Sajonia y Turingia. En Sajonia y Turingia gobernaba un frente popular del SPD y KPD que provocaba constantes enfrentamientos con el poder del Reich. En Baviera, por el contrario, los problemas venían de la derecha nacionalista. Entre el gobernador y el Reich se fue creando un conflicto que desembocó en el golpe de Hitler del 8 de noviembre de 1923.

El partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) o partido nazi, que dirigía Hitler, tenía su origen en el Partido Alemán de los Trabajadores (DAP), fundado en enero de 1919 en Múnich por un mecánico ferroviario llamado Anton Drexler. El Servicio de Información del Ejército había ordenado al entonces cabo Hitler que se infiltrara en el partido creado por Drexler, con el fin de vigilar e informar sobre sus actuaciones. Resultó que, dos años más tarde, Hitler se había convertido en uno de los principales dirigentes del partido que, para entonces, había ya cambiado su nombre por el de NSDAP.

Pues bien, el día 8 de noviembre de 1923 Hitler, acompañado de un grupo de militantes del NSDAP, irrumpió en una cervecería de Múnich donde se celebraba un acto del primer ministro bávaro y declaró la destitución de este y la formación de un gobierno provisional. Sus correligionarios, dirigidos por el antiguo general Ludendorff, se extendieron por la ciudad y trataron de ocupar los principales edificios gubernamentales. Dos días después, el intento de golpe había sido sofocado por la policía. Hitler fue encarcelado y el partido nazi prohibido [4].

La doble amenaza por parte de extremistas de izquierdas y de derechas provocó la caída del gobierno. El 23 de noviembre, Stresemann, presionado por el Reichstag, presentó su dimisión. Ebert nombró canciller a Wilhelm Marx, del partido de Zentrum, que consiguió la paz en Baviera al incorporar al gobierno a miembros del partido bávaro (BVP).

El 4 de mayo de 1924 se celebraron las elecciones al segundo Reichstag. Ganaron los socialdemócratas del SPD con el 20,5% de los votos, seguidos muy de cerca por el partido nacionalista popular (DNVP) que obtuvo el 19,5%. El partido comunista (KPD), con el 12,6% de los votos, surgió como único partido de izquierda radical sustituyendo al USPD [5].

La imposibilidad de formar un gobierno que tuviera la aceptación del Parlamento obligó a convocar nuevas elecciones, que se celebraron el 7 de diciembre de ese mismo año. El SPD consiguió el 26% de los votos. La derecha nacionalista del DNVP, con el 20,5%, se confirmó como segunda fuerza política en el Parlamento [6]

El mandato del presidente Ebert debía terminar el 30 de junio de 1925. Cuatro meses antes cayó enfermo. Lo que se creía una sencilla gripe resultó ser un ataque de apendicitis que le produjo una septicemia que le llevó a la muerte. Tenía 54 años.

Ebert había conseguido sacar al país de una situación inmensamente complicada. A la humillación de la derrota, se había unido la penuria económica, los constantes intentos revolucionarios de una izquierda radical y la formación de grupos ultraderechistas con estrategias políticas criminales.

La figura de Ebert ha sido muy controvertida. Algunos socialistas le consideraron un traidor mientras que, para otros, fue un auténtico demócrata y un patriota. Muchos alemanes, entre ellos Sebastian Haffner, nunca le perdonaron la utilización de los Freikorps, a los que veían como precursores de los nazis. Fuera como fuese, debe reconocerse que consiguió consolidar la República de Weimar, controlar los intentos golpistas de la extrema derecha y evitar que la revolución bolchevique se extendiera a Alemania y, quizás con ello, a toda Europa. Hoy, en casi todas las grandes ciudades de la antigua República Federal Alemana existe una Ebert Strasse.

 

[1] Kapp se entregó a la Justicia alemana en 1922 pero estaba gravemente enfermo y murió antes de celebrarse el juicio.

[2] Resultados de las elecciones del 6 de junio de 1920: SPD: 21,6%; Zentrum: 13,6%; DDP: 8,3%; USPD: 17,9%; DVP: 13,9%; DNVP: 15,1%

[3] El Rentenmark estaba asegurado con bonos-oro por los bancos alemanes sobre el patrimonio alemán.

[4] El partido nazi siguió operando bajo otras siglas. Cuando,  en diciembre de 1924, Hitler salió de la cárcel, refundó y reorganizó el partido que recuperó el nombre del NSDAP

[5] Resultados de las elecciones del 4 de mayo de 1924: SPD: 20,5%; DNVP: 19,5%; Zentrum: 13,4%; KPD: 12,6%; DVP: 9,2%; DDP: 5,7%

[6] Resultados de las elecciones del 7 de diciembre de 1924: SPD: 26%; DNVP: 20,5%; Zentrum: 13,5%; DVP: 10,1%; KPD: 9%; DDP: 6,3%.

 

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