La presidencia del mariscal Hindenburg

“La República tuvo dos presidentes, Ebert fue su esperanza, Hindenburg un símbolo de su amenaza. Cuando un presidente como él acabó convirtiéndose en la única esperanza, como sucedió en 1932, es que la situación era crítica. Apenas había esperanza para la república” (Horst Möller. La República de Weimar. Una democracia inacabada)

El 29 de marzo de 1925 se celebraron elecciones presidenciales para sustituir al fallecido Friedrich Ebert. Al no obtener ninguno de los candidatos la mayoría necesaria fue necesaria una segunda vuelta el día 26 de abril. Los tres partidos de Weimar, SPD, Zentrum y DDP, presentaron a Wilhelm Marx, un jurista del partido del centro católico que había sido canciller. Los nacionalistas del DNVP y los partidos bávaros, cada vez con mayor influencia política, propusieron al general mariscal de campo Paul von Hindenburg. Por su parte, el partido comunista decidió mantener a su propio candidato, Ernst Thälmann. Las elecciones se celebraron el 26 de abril. Hindenburg fue elegido con el 48,3% de los votos, Wilhelm Marx obtuvo el 45,3% y Ernst Thälmann el 6,4%. Para el historiador alemán Horst Möller era evidente que, si los comunistas hubieran votado con la coalición, Hindenburg no hubiera resultado elegido: “Pero en su estrechez de miras político-partidistas, los comunistas prefirieron favorecer al representante del viejo sistema, en lugar de superarse eligiendo un defensor de la odiada república”.

Paul von Hindenburg tenía entonces 77 años. Era un militar prusiano, educado en el luteranismo, que había combatido ya en la guerra franco-prusiana (1870-1871) y, cuatro años antes, con tan solo 19 años, en la que se llamó Guerra de las Siete Semanas de Prusia contra Austria[1]. En la Guerra del 14 fue Jefe del Alto Mando Militar con Ludendorff como Comandante en Jefe del Ejército. Por sus orígenes sociales, su formación militar, su carrera profesional y sus posiciones políticas era más un representante del viejo sistema que un entusiasta del régimen democrático que se intentaba instaurar en la nueva Alemania.

El único periodo de paz

Los cuatro primeros años de la presidencia de Hindenburg fueron relativamente tranquilos y esperanzadores para los republicanos y para la población en general. Sebastian Haffner, en su Historia de un alemán, describe este periodo como el único de paz que había vivido su generación, “la única época en la que fue posible vivir”. Y, para él, el artífice de aquella normalidad había sido Gustav Stresemann, que aunque había dejado de ser canciller desde su cartera de Exteriores controlaba la política alemana.

“En ocasiones –escribió Haffner- se producía un cambio de Gobierno, unas veces gobernaban los partidos de derechas, otras los de izquierdas. No se notaba mucha diferencia. El ministro de Asuntos Exteriores siempre se llamó Gustav Stresemann. Aquella circunstancia significaba lo siguiente: paz, ninguna crisis a la vista, business as usual.”

Entre los logros de Stresemann se cuentan la salida de las tropas aliadas de la Cuenca del Ruhr, la firma de un pacto de amistad y neutralidad con la Unión Soviética y la entrada de Alemania en la Sociedad de Naciones. Su labor fue reconocida internacionalmente con el Premio Nobel de la Paz, que le fue otorgado el 10 de diciembre de 1926.

El 20 de mayo de 1928 tuvieron lugar las elecciones al cuarto Reichstag. Ganó el SPD con el 28,8% de los votos. El partido valedor de Hindenburg, el DNVP, perdió más de seis puntos, pasando del 20,5% al 14,2% de los votos. El Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, el NSDAP, que había sido refundado por Hitler tras levantarse su prohibición en 1925, obtuvo el 2,6% de los votos[2].

El partido socialista tenía mayoría suficiente como para que un socialdemócrata, Hermann Müller, fuera aceptado como canciller por el parlamento. Müller formó un gobierno de gran coalición en el que participaron, no solamente los tres partidos originales de Weimar (SPD, DDP, Zentrum), sino también los liberales del DVP y el partido bávaro (BVP).

Gustav Stresemann continuó como ministro de Exteriores hasta el 3 de octubre de 1929, día en el que los periódicos sorprendían a los alemanes con la noticia de su muerte. “Nosotros, al leerlo –escribió Haffner-, notamos un gélido sobresalto. ¿Quién iba a dominar a las bestias a partir de ahora?”

La gran depresión del 29

Pocos días después de la muerte de Stresemann, el 24 de octubre, llegó la noticia de la quiebra de la bolsa de Nueva York. Era un nuevo golpe para la debilitada economía alemana. La crisis económica de 1929 traería de nuevo la pobreza, el desempleo y el malestar para cientos de miles de alemanes. En el mes de marzo del 29 se habían contabilizado 2,8 millones de parados en Alemania; un año después, el número de desempleados era de tres millones y medio.

El paro se había convertido en el gran problema político de Müller. En marzo de 1930, a causa de las diferencias entre liberales y socialistas sobre las cuotas para el seguro de desempleo, se rompió la coalición de gobierno. Müller fue sustituido por el economista Heinrich Brüning, del partido de Zentrum, cuya principal misión era detener el galopante ascenso del paro y estabilizar la economía.

Era un momento en el que, como escribió Sebastian Haffner,  “el propio Brüning nada tenía que ofrecer al país salvo pobreza, melancolía, libertades restringidas y la promesa de que no era posible nada mejor”.

Brüning presentó ante la Asamblea un paquete de medidas para hacer frente a la crisis económica. Al no conseguir una mayoría parlamentaria suficiente para sacarlas adelante optó por la disolución del Reichstag. Las nuevas elecciones fueron convocadas para el 14 de septiembre.

Pocos pensaban que aquellas elecciones del 14 de septiembre serían el principio del fin de la República de Weimar. Ganaron de nuevo los socialdemócratas pero sufriendo una pérdida de nueve escaños[3]. Inesperadamente, el segundo partido más votado fue el NSDAP de Hitler, con el 18,3% de los votos. También subieron los comunistas que, con un 13,1%, aventajaban por primera vez al partido de Zentrum.

Los monárquicos nacionalistas del DVNP, que habían apoyado a Hindenburg, perdieron más de la mitad de sus votos, posiblemente sus electores habían optado por dar su apoyo a Hitler. Los partidos liberales y conservadores, DDP y DVP, casi desaparecieron. Conviene reseñar, además, que la participación había subido notablemente con respecto a las elecciones de 1928, de un 74,6% se pasó al 81,4%.Lo más probable es que estos nuevos votos fueran a parar al partido nazi.

La imposibilidad de formar una coalición de gobierno con mayoría daba al Presidente de la República la capacidad, prevista en la Constitución, de elegir canciller y gobernar en situación de emergencia mediante decreto. Hindenburg, que cumplía ya ochenta y tres años, comenzó a gobernar en esa situación con Brüning como canciller. Fue en época en la que, como escribió Haffner, “un presente oscuro se atenuaba ante la perspectiva de un futuro negro”.

En febrero de 1932 se registró un nuevo ascenso del número de desempleados, 6 millones, casi la tercera parte de los trabajadores alemanes. En el mes de marzo, ante el temor de que los nazis, los comunistas o ambos unidos acabaran con la República, Heinrich Brüning, quizás con la esperanza de conseguir el apoyo necesario para que Hindenburg prolongara su mandato hasta su retirada definitiva o su fallecimiento, consiguió de éste la autorización para convocar unas nuevas elecciones presidenciales.

Brüning confiaba en que los nazis votarían a Hindenburg, pero Hitler decidió dar la batalla política y presentarse por su cuenta. Hindenburg obtuvo el 49,6% de los votos, Hitler el 30,1%. Al no conseguir una mayoría suficiente hubo que ir a una segunda vuelta el 10 de abril. Esta vez sí, Hindenburg con el 53,1% resultaba reelegido como presidente de la República.

Mientras tanto, dos hombres en la sombra, Kurt von Schleicher y Franz von Papen, que se habían ganado la confianza del ya anciano presidente, no cesaban de intrigar para librarse de Brüning y hacerse con el poder. El 29 de mayo Brüning se vio obligado a dimitir. Tres días más tarde von Papen fue nombrado canciller, Schleicher sería vicecanciller y ministro de Defensa.

Comenzó entonces un periodo de intrigas entre estos dos personajes y el viejo Hindenburg que culminaron en la convocatoria de nuevas elecciones parlamentarias en julio de 1932. Esta vez ganó el partido nazi con el 37,3% de los votos y los socialdemócratas pasaron a segundo plano con el 21,6%. El tercer partido más votado fue el de los comunistas del KPD[4].

El 12 de septiembre de 1932, primer día del nuevo curso parlamentario, Hitler presentó una moción de censura contra von Papen. Se convocaron de nuevo elecciones para el 6 de noviembre. Era la tercera vez en el año que los alemanes acudían a las urnas. Los nacionalistas se presentaron divididos y el partido de Hitler perdió algunos escaños. Los socialistas bajaron de nuevo, esta vez solo consiguieron el 20,4% de los votos, una buena parte de la izquierda había decidido dar su apoyo a los comunistas, que llegaron casi al 17% de los votos[5].

El 17 de noviembre von Papen presentó su dimisión. El 1 de diciembre el general Schleicher fue elegido canciller y nombró a un líder nazi vicepresidente, quizás con la ingenua intención de dividir al partido de Hitler. Al no conseguirlo, el 28 de enero de 1933 presentó también su dimisión. Dos días más tarde Hindenburg nombraba a Hitler canciller de Alemania.

Möller, que desde el primer momento muestra en su libro La República de Weimar. Una democracia inacabada una clara antipatía por el mariscal von Hindenburg, explica y, en cierto modo justifica, su actuación. Hitler era el hombre más fuerte de su partido y, además, contaba con el apoyo parlamentario de los nacionalistas del DNVP: “El nombramiento de Adolf Hitler como canciller el 30 de enero de 1933, aprobado de mala gana por un decadente von Hindenburg y bajo la presión de su entorno, fue, en ese sentido, legítimo.”

Hitler contaba con el apoyo del NSDAP y del DNVP para gobernar pero ambos partidos no formaban una coalición con mayoría suficiente en el parlamento (entre los dos habían sumado el 41,4% de los votos). Esta situación conducía a unas terceras elecciones que se convocaron para el 5 de marzo.

El 27 de febrero se produjo el incendio del Reichstag y Hitler declaró el estado de excepción. Se había legalizado la política del terror, sobre todo contra los comunistas que fueron acusados de provocar el incendio. En esta situación, el 5 de marzo de 1933 los alemanes acudieron a las urnas. Hitler obtuvo el 43,9% de los votos, mayoría parlamentaria si se sumaba al 8% conseguido por los nacionalistas del DNVP. La participación en aquellas elecciones había sido mayor que nunca, rozando el 90%. La dictadura quedaba electoralmente legitimada[6].Sin duda el régimen del terror impuesto por el nuevo canciller había dado sus frutos.

El NSDAP, que en 1930 contaba con 121.000 afiliados, tres años después tenía 670.000. En su libro Möller quiere dejar claro, y en eso también coincide con Haffner, que el partido nazi “no puede ser clasificado políticamente dentro del simple esquema izquierda-derecha”. Se trataba de un partido antiburgués y anticomunista que “prometió el futuro” y “fue revolucionario”. Su toma del poder “significó el triunfo de lo nuevo sobre lo viejo”.

Haffner, en sus memorias escritas en 1939, insistía desde su exilio británico en que no se podía satanizar a todo el pueblo alemán: “La situación de los alemanes no nazis durante el verano de 1933 fue ciertamente una de las más difíciles en las que se puede encontrar el ser humano: un estado de sometimiento total y desesperado sumado a los efectos tardíos del shock que supone que los acontecimientos le pillen a uno totalmente desprevenido. Los nazis nos tenían completamente en sus manos”.

En lo que quedaba de año se aprobaron todas las leyes necesarias para consolidar la dictadura. Entre ellas los decretos de disolución de los sindicatos y de disolución de todos los partidos políticos salvo, por supuesto, el partido nazi. Finalmente, el 14 de febrero de 1934 se decretaba la disolución del Reichstag.

Cuatro meses después, el 30 de junio, se produjo la llamada “noche de los cuchillos largos”. En ella fueron asesinados los miembros más conocidos de las SA y cuantos enemigos políticos podían entorpecer la implantación del nuevo régimen. Entre los asesinados estaba el ex canciller Schleicher y su mujer.

Hindenburg muere el 2 de agosto de 1934 y Hitler decide entonces fusionar el cargo de presidente con el de canciller.

Epílogo

El socialdemócrata Gustav Noske vivió retirado de la política tras la llegada al poder de los nazis. Fue acusado de participar en el atentado sufrido por Hitler en 1944 y enviado a un campo de concentración. Un año más tarde fue liberado por los aliados. Murió en 1946.

El general Ludendorff, que había colaborado con Hitler en el golpe de Munich de noviembre del 1923, tuvo más tarde con él un enfrentamiento que le llevó a retirarse de la política. El 30 de enero de 1933, cuando Hitler fue nombrado canciller, envió una carta a Hindenburg en la que decía: “Le prevengo solemnemente de que ese fanático llevará a nuestra Patria a la perdición y sumirá al país en la más espantosa de las miserias. Las futuras generaciones le maldecirán en su tumba por lo que usted ha hecho”. Murió en 1937. Hitler le organizó funerales de estado.

El líder comunista Ernst Thälmann fue arrestado por la Gestapo el 3 de marzo de 1933 en Berlín. Tras 11 años de prisión fue enviado al campo de Buchenwald. Murió fusilado por orden de Hitler el 18 de agosto de 1944.

El canciller Heinrich Brüning abandonó Alemania en 1934. Se instaló en Inglaterra y más tarde marchó a Estados Unidos donde vivió hasta su muerte en 1970.

Franz von Papen fue detenido la noche de los cuchillos largos. Se puso al servicio del gobierno nazi que le envió como embajador a Austria y, más tarde, a Turquía. Al final de la guerra fue capturado por los aliados. Procesado y absuelto en los juicios de Nüremberg, murió en Alemania en 1969.

[1] Esta guerra terminó con la victoria de Prusia y fue la causa determinante de la creación de la Alemania unificada, la que se va a llamar Imperio Alemán con el káiser Guillermo de Prusia convertido en emperador de Alemania.

[2] Resultados de las elecciones del 20 de mayo de 1928: SPD: 28,8%; DNVP: 14,2%; Zentrum: 12,1%; KPD: 10,6%; DVP: 8,7%; DDP: 4,9%; NSDAP: 2,6%

[3] Resultados de las elecciones del 14 de septiembre de 1930: SPD: 24,5%; NSDAP: 18,3%; KPD: 13,1%; Zentrum: 11,8%; DNVP: 7%; DVP: 4,5%; DDP: 3,6%

[4] Elecciones del 31 de julio de 1932: NSDAP: 37,3%; SPD: 21,6%; KPD: 14,3%; Zentrum: 12,4%; DNVP: 5,9%; DVP: 1,2%; DDP: 1%.

[5] Elecciones del 6 de noviembre de 1932: NSDAP: 33,1%; SPD: 20,4%; KPD:16,9%; Zentrum: 11,9%; DNVP: 8,3%; DVP: 1,9%; DDP: 1%

[6] Elecciones del 5 de marzo de 1933: NSDAP: 43,9%; SPD: 18,3%; KPD: 12,3%; Zentrum: 11,2%; DNVP: 8%; DVP: 1,1%; DDP: 0,8%

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