El sábado 13 de junio se celebró la constitución del Pleno del Ayuntamiento de Madrid. La sesión transcurrió tal y como estaba previsto en el orden del día. El secretario pidió que subieran a la mesa para presidir la sesión el concejal de mayor edad, que resultó ser Manuela Carmena, y el más joven, que era Rita Maestre, ambas del partido Ahora Madrid/Podemos. El secretario, tras pronunciar las palabras propias del juramento del cargo, fue llamando, uno a uno, a los concejales. Estos debían responder “Sí, juro” o “Sí, prometo”. La nota original la pusieron los de Ahora/Podemos, pues si bien la mayoría de ellos terminaba su promesa con un “por exigencia legal”, alguno quiso distinguirse de los demás añadiendo una coletilla latina: “Omnia sunt communia”.

Al parecer se trata de la última parte de una frase de Santo Tomás de Aquino, “In extrema necessitate omnia sunt communia”, que traducida significa: en tiempos de extrema necesidad, todo es del común.

Leo en la red el comentario de una admiradora anónima de Manuela Carmena, de la que dice es “una mujer de la que solo puede un@ sentirse profundamente orgullosa”. Y sobre la frase que se coló en el pleno de constitución del nuevo Ayuntamiento de Madrid comenta: “Curioso que suene radical un mensaje del siglo XIII, pero nunca es tarde para recordar que lo público es de tod@s y en tiempos de extrema necesidad, incluso lo privado debe ponerse al servicio del común”.  Una interpretación que podría explicar la insistencia de Podemos en decir que los niños madrileños están desnutridos o que las diferencias sociales en Madrid están al nivel de las ciudades del Tercer Mundo. Y es que si se extiende la falaz idea de que vivimos en “tiempos de extrema necesidad”, la aplicación de la fórmula Omnia sunt communia llevaría a justificar que lo privado también se pusiera al servicio de todos, o sea, la ocupación de los pisos vacíos  o, incluso, la  aplicación de la tristemente famosa orden “¡exprópiese!” de Hugo Chávez.

El desarrollo del pleno fue seguido desde una tribuna por los dirigentes de Podemos, Iglesias, Errejón y Monedero, que parecían vigilar que todo transcurriera a su gusto y manera. Estaba claro que su intención era poner fin a esa farsa que durante toda la campaña había mantenido Manuela Carmena para hacer creer a la gente que ella nada tenía que ver con el partido de Pablo Iglesias.

Como estaba previsto, Manuela Carmena resultó ser el concejal más votado al recibir los 9 votos del PSOE y, como no podía ser de otra manera, su proclamación como alcaldesa fue aplaudida por todos los concejales. Los de su equipo, alguno de ellos con el puño en alto, acompañaron sus plausos del grito que viene siendo ya habitual entre sus seguidores: “¡sí se puede!”.

A continuación, los portavoces de los grupos fueron tomando la palabra. Begoña Villacís, de Ciudadanos, insistió una vez más en su posicionamiento político centrista. Algo extraño sonó que reclamara el centro de un mapa político en el que, según ella, no se puede ya hablar de derecha e izquierda.

En su intervención, Esperanza Aguirre rogó una vez más a la ya alcaldesa de Madrid que aclarara cuál era su ideología política; reconoció la legitimidad del apoyo socialista a la candidatura de Podemos pero no sin recordar a Carmona el fracaso que siguió a su Partido tras los años de legislatura del tripartito catalán: “No seré yo la que recuerde el éxito que han tenido los socialista cada vez que han apoyado cambios radicales”. Para sorpresa de todos, estas palabras de Aguirre recibieron los sonaros aplausos de Pablo Iglesias y sus lugartenientes. Miré hacia arriba y pude apreciar el rostro jocoso de los que aplaudían. No supe bien si querían mofarse de Aguirre o de Carmona.

La nueva alcaldesa, en un lenguaje cercano y amistoso, adelantó alguna de las medidas que pensaba tomar de inmediato. Entre ellas, dar comida y cena en los colegios a los niños que pasan hambre (reconoció que no sabía cuántos eran) o hacer escuelas infantiles de 0 a 3 años, “iguales para todos los niños”. También propuso el “tuteo” y la “conversación” como alternativas al tratamiento tradicional y a los discursos habituales en los Plenos.

Al salir, un grupo de simpatizantes de Ahora/Podemos recibió a la portavoz de Ciudadanos con abucheos, insultos y amenazas (los del PP, viendo el panorama, habíamos salido por una puerta lateral). Begoña Villacís declaró más tarde que le asustó “la mirada de odio” de algunos sujetos.

La primera semana de gestión de la nueva alcaldesa ha estado rodeada de polémica. Y es que su lista está llena de personajes con un historial que refleja una manera de ser y de pensar que resulta, como mínimo, preocupante.

Guillermo Zapata, uno de los que añadió a su promesa por imperativo legal aquello de que “todo es de todos”, tiene una colección de tuits en internet que escandalizaría a cualquier ciudadano europeo. Parece ser que Zapata es un aficionado al “humor negro” y no ha tenido ningún escrúpulo de conciencia para publicar en la red chistes en los que se toma a broma el exterminio de seis millones de judíos y bromas siniestras sobre víctimas del terrorismo, como Irene Villa, o relacionadas con algunos de los más repugnantes crímenes que hemos conocido en los últimos tiempos, como el de las niñas de Alcasser o el de Marta del Castillo.

Que al salir a la luz estos tuits la alcaldesa haya considerado que no era lo más apropiado para este concejal ocuparse del área de cultura y le haya “relegado” al de concejal de distrito, creo que, como mínimo, es una tomadura de pelo y un insulto a la inteligencia de los que no la votaron, es decir, de la mayoría de los madrileños.

Pablo Soto es otro de los hombres fuertes del nuevo Ayuntamiento. Su trayectoria “literaria” no es muy diferente a la de su colega Zapata. Tuitero avezado en el uso de las redes, gusta de amedrentar a los rivales políticos con la horca, la guillotina o, directamente, mandándoles al cementerio. Dice la alcaldesa que eso era antes, cuando era un “indignado”, pero ahora, que ha sido rescatado por ella para la política, aceptará de buen grado sujetarse a las normas y usos democráticos.

La joven portavoz, Rita Maestre, tiene un curriculum verdaderamente heroico en su lucha contra “la casta”. En 2011, en plena campaña para la elección de rector de la Complutense, se presentó medio desnuda en la capilla de esa universidad durante la celebración de una misa profiriendo insultos contra los asistentes, el celebrante y el rito católico. En sus gritos no faltaron amenazas. “¡Arderéis como en el 36!”, es una de las joyas retóricas que fueron escuchadas aquel día. Manos limpias ha presentado una querella que ha sido aceptada por el juez. El fiscal pide un año de prisión por un delito contra la libertad religiosa. “Que se acostumbren. Ahora llega gente a las instituciones con pasado de compromiso”, ha declarado Maestre, que se justifica porque aquella fue una marcha pacífica “de reivindicación del laicismo, en la que no hubo en absoluto “odio religioso”. Esta joven revolucionaria participó también en el boicot, acompañado de abucheos e insultos, a Rosa Díez en la Complutense hace unos años.

Más contundente si cabe que en los otros dos casos, ha sido la negativa de la alcaldesa a prescindir de su portavoz. Era una joven revolucionaria, feminista y laicista. Su actitud no es en absoluto reprobable para los dirigentes del Partido que gobierna el Ayuntamiento de Madrid.

Según los dirigentes de Podemos, solo la corrupción económica puede ser motivo para excluir a alguien de un cargo público. Lo que digan las leyes no cuenta para ellos. Como Ada Colau en Barcelona, son ellos quienes decidirán qué leyes son justas y cuáles no lo son. Su doctrina ideológica prevalece sobre la ley.

La semana terminó con la manifestación de apoyo a Alfonso Fernández Ortega, Alfon libertad, condenado a 4 años de cárcel por llevar una mochila cargada de explosivos en la huelga del 14 de noviembre de 2012.  Los dirigentes de Podemos han hecho declaraciones exigiendo su liberación inmediata. “Mientras los que quebraron los bancos disfrutan de impunidad, Alfon irá a prisión. Me parece una injusticia”, ha escrito Pablo Iglesias en su perfil de twiter. El joven incendiario cuenta también con el apoyo de Manuela Carmena.

Después de una semana, y a pesar de la ilusión manifestada por la alcaldesa de hacer de Madrid la “ciudad del abrazo”, no faltan datos para temer que el espíritu de revancha, de confrontación, la intolerancia e incluso “el odio” se hayan colado en el Ayuntamiento de Madrid.

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