El 8 de abril de 2015 el diario ABC publicaba un largo artículo de Xavier Pericay en el que, el hoy diputado de Ciudadanos en el Parlamento Balear, hablaba sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo que establezca un sistema de educación en España que no esté permanentemente expuesto a los cambios políticos.

En aquel artículo Pericay decía que un pacto educativo solo sería durable si antes los firmantes se ponían de acuerdo sobre una serie de disyuntivas. La primera de ellas, escribía el diputado balear, es “la que se plantea entre libertad e igualdad, o si lo prefieren, entre calidad y equidad”. A esta primera cuestión añadía otras dos que, en mi opinión, derivan de ella: la necesidad de recuperar la auctoritas del profesor y el reparto de competencias entre Estado y Autonomías.

“Sin la previa resolución de esas disyuntivas –escribía Pericay- cualquier intento de pacto de Estado estará condenado al fracaso. No del pacto en sí, que acaso pueda alcanzarse, sino de su objeto: el rescate de la educación en España, y su consiguiente y apremiante mejora.”

El 15 de abril, una semana después de la publicación de este artículo, Pericay era elegido cabeza de lista de Ciudadanos para las elecciones al Parlamento de las Islas Baleares. Y tres meses después, a finales de julio, Albert Rivera presentaba las líneas generales de su programa de educación con una propuesta estrella: el MIR para profesores.

No es la primera vez que se plantea un MIR educativo. Lo ha hecho algún ministro socialista y también se ha planteado en el PP, así que, como punto de un acuerdo general entre partidos, la idea podría resultar acertada. Ahora bien, ¿se ha parado Albert Rivera a pensar en las grandes diferencias que existen entre la formación actual de un médico y la de un profesor o maestro?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que en las Facultades de Medicina se matriculan los mejores alumnos de los bachilleratos de Ciencias. Y no solo porque se exige una nota alta en las pruebas de acceso a la universidad sino también porque todos los estudiantes que empiezan Medicina saben que les esperan unos años muy duros y de mucho trabajo. Algo que ni de lejos ocurre en las carreras en las que reciben su formación inicial los futuros profesores.

En segundo lugar, los candidatos al MIR, antes de comenzar su formación práctica en los hospitales, deben pasar por un durísimo examen de selección sobre sus conocimientos teóricos. Nada que ver con los actuales procedimientos de selección de profesores.

Por último, los residentes del MIR se ponen a las órdenes de un médico cuya auctoritas nadie discute. ¿Ha pensado Albert Ribera dónde va a encontrar esos profesores tutores cuando, como bien decía Pericay, la auctoritas del profesor hace ya tiempo que se ha perdido?

Hablar de un MIR educativo antes de saber si se apuesta por la calidad de la enseñanza, es decir, por un bachillerato exigente, por unos estudios universitarios duros y por un sistema de selección académica riguroso, me parece un brindis al sol; una propuesta más de las infinitas que se hacen en las campañas electorales con muy poca voluntad de que realmente supongan un cambio profundo y una gran mejora en las cosas que no funcionan.

Lo decía Pericay en su artículo. En las últimas décadas, en el mundo de la educación, la igualdad ha prevalecido sobre la libertad. En nombre de la igualdad se ha hecho desaparecer el interés por la instrucción, el valor del esfuerzo, el reconocimiento del mérito, y todo aquello que podía conducir a que unos alumnos aprendieran más que otros. Es decir, se ha renunciado “al cultivo de la inteligencia”. Y, como explicó John Stuart Mill en su tratado sobre la libertad, On Liberty, impedir el libre desarrollo de las facultades intelectuales del individuo no solo es un ataque a su libertad sino que supone un grave obstáculo para el progreso de la sociedad.

Los pedagogos igualitaristas suelen justificarse diciendo que las distintas capacidades intelectuales no son debidas a la naturaleza sino a las diferencias sociales, culturales y económicas. Por supuesto que los niños que se crían en ambiente interesados por la cultura tienen, en principio, más facilidades para aprender que aquellos que provienen de medios ajenos a toda instrucción. Pero eso debería habernos llevado a reclamar una escuela capaz de compensar esas diferencias, no renunciando a la instrucción, sino enseñando más y mejor.

Esa prevalencia de la equidad sobre la calidad, de la igualdad sobre la libertad, está impidiendo el libre desarrollo de las capacidades intelectuales de todos los individuos, de los más y de los menos capacitados para el estudio. El ardor obstinado de quienes quieren poner por encima de cualquier otro fin, y a costa de cualquier cosa, el logro de una educación igual para todos ha conducido a la institucionalización de un sistema escolar que ha eliminado de sus objetivos el progreso individual y, por tanto, del progreso social. Sólo aspirando a ser mejores pueden los individuos progresar y nunca podrá avanzar una sociedad si se mata en sus ciudadanos el instinto natural de querer ser mejores, de querer progresar.

Tengo una gran simpatía y admiración hacia Pericay, al que conocí hace unos años través de FAES. A Xavier le preocupa tanto como a mí la deriva destructora que, a partir de la implantación de la LOGSE, ha tomado la educación española, y creo que, como yo misma, Pericay se había acercado al PP con ánimo de ayudar, desde el único partido liberal-conservador que existe en España, a recuperar la calidad de un sistema de enseñanza que había sido destrozado por las leyes socialistas.

No sé si Albert Rivera ha consultado con Pericay este “anuncio estrella” de su programa educativo. Tampoco sé si ha comprendido que la clave del declive de la educación española está en ese igualitarismo dogmático que impide el libre desarrollo del talento individual. Pero, en todo caso, si de verdad quiere el rescate de la educación en España, antes de lanzar iniciativas de cara a la galería, debería dejarse aconsejar por su candidato en las Islas Baleares. Porque no creo que haya en Ciudadanos nadie más informado que Xavier Pericay sobre lo que ha ocurrido en la educación española para que ocupemos los últimos puestos en el ranking de resultados de las evaluaciones internacionales, para que nuestro porcentaje de paro juvenil sea más del doble de la media europea (solo comparable al de Grecia) y para que, a pesar de ello, las leyes de educación sigan ligadas al igualitarismo dogmático de la LOGSE.

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